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La poesía es un camino de perfección

El escritor Alejandro Roemmers canta la celebración y el amor a la vida en el volumen 'Como la arena'

«Para mí la poesía ha sido un camino de perfección espiritual», señala Alejandro Roemmers, poeta argentino que obtuvo el último premio Sial de poesía con su libro Como la arena, una obra de madurez en la que se canta, en estrofas clásicas, el amor a la naturaleza y la celebración de la existencia.

Y soprende que el autor diga que «escriba o no escriba, la poesía es una forma de vida», ya que Roemmers es un empresario farmacéutico con negocios en 20 países que viaja continuamente por todo el mundo. Sin embargo, en los aviones, además del papeleo habitual de los negocios, este autor escribe sonetos; y las relaciones laborales con sus subordinados no son tan frías, según señala, como las que se suponen en un alto ejecutivo. Por eso afirma: «La poesía me ha hecho ser mejor persona». Es decir, más humano.

Ya de niño, Alejandro Roemmers sintió la llamada de la poesía, y se recuerda leyendo y escribiendo versos a los 10 años. A los 14 dio a conocer un largo poema existencial, que empezaba: «La soledad es un espejo que te mira con tus ojos...».

Pero tuvo que dejar a un lado tan temprana vocación para centrarse en sus estudios económicos en Madrid (ganó un premio de poesía en la Universidad Autónoma) y comenzar una intensa carrera de empresario, continuando así la tradición familiar.

En 1982 publicó su primer libro, Soñadores, soñad, toda una declaración de intenciones, que recogía sus poemas adolescentes y de juventud, muchos de ellos escritos en España.

Parte de estos textos se encuentran en el volumen Poemas escogidos (Huerga y Fierro, 2006), una antología de sus cuatro libros poéticos publicados en Argentina. Los otros tres son: Ancla fugaz, España en mí y Más allá, obras que muestran la evolución interior de un itinerario personal comprometido con la poesía y con los demás, ya que Alejandro Roemmers piensa, y así lo lo glosa en sus textos, que no es posible salvarse solo.

Quizás por ello ha escrito también un libro narrativo titulado El joven príncipe (Editorial Sudamericana), un homenaje a Saint-Exupéry, y una obra en la que Roemmers ha contado, de una manera sencilla, las enseñanzas de la vida que ha ido aprendiendo por sí mismo.

«No es propiamente una continuación de El principito, mi libro preferido, sino una visión de este personaje años después», matiza el escritor. En estas páginas, el joven príncipe se encuentra con un conductor perdido en los inmensos paisajes de la Patagonia, al sur de Argentina, y entre ambos se establece un sugestivo diálogo que, en ocasiones, nos puede recordar al de Saint-Exupéry.

Alejandro Roemmers confiesa que de niño enseñó y leyó sus versos a un paciente Jorge Luis Borges, y señala que lo que más le gusta es compartir sus versos en público. Aficionado a los recitales, ha leído sus poemas en escenarios tan literarios como la mansión de Victoria Ocampo, la casa de Isla Negra de Neruda o la Biblioteca de Alejandría. Roemmers también es el patrocinador de un premio de poesía y cuento para jóvenes autores, que lleva su nombre y convoca el Centro Cultural Borges de Buenos Aires.

Precisamente las huellas del autor de Los conjurados y de Miguel Hernández (otro de sus autores más queridos) están presentes en su último libro publicado en España, Como la arena (Sial), donde predomina la estrofa más clásica. «Me gusta el soneto», afirma el poeta, «porque es algo definitivo. Cuando acabo uno ya no lo suelo tocar más. En cambio, en el verso libre estoy corrigiendo continuamente».