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Alejandro Roemmers presentó sus dos últimos libros de poemas



A los 14 años, Alejandro Guillermo Roemmers (49) escribió: “La soledad es un espejo que te mira con tus ojos/ Usurpó tu cuerpo imaginario/ Por todas partes tú, siempre tú, sin espalda, en los cristales de su carcaja/. Es inútil gritar en su trampa de silencio, prisión invisible de angustia reflejada/ Te arrebata la voz, los pensamientos, las palabras, y se aleja de tu cuerpo dejando en el espejo tu fantasma”. El segundo hijo de Alberto Roemmers, dueño de Laboratorios Roemmers, en España escribió “La soledad es un espejo”. Más tarde, durante la entrevista, contará que el de Madrid era el tercer colegio que se mudaba en su corta vida escolar, y que los amigos fueron quedando. Para apañar la melancolía que a veces sentía, Alejandro se encerraba en su cuarto y, sin saberlo, comenzaba a escribir poemas que, años más tarde, se imprimirían en su primer libro de poesías que tituló, “Soñadores, soñad”. “Con mi padre, por su formación alemana un tanto rígida, me resultaba difícil el contacto, incluso, físico. Lo cual hizo que me volcara más introspectivamente y permitiera desarrollar mi vida interior. Así que no hay mal que por bien no venga”, asegura el líder del prestigioso laboratorio.

Alejandro detesta las computadoras. Para eso la tiene a “Sandy”, su secretaria, quien le trasmite los mensajes que le llegan desde cualquier lugar del mundo. Mientras que él, desde la edad de 8 años, prefiere escribir a mano. Como cuando arriba de un avion, tras haber publicado su primer libro, escribió: “Gracias te di, poesía, cuando preso del dolor liberaste el alma mía/ cuando el amor esquivo me rendía a reclamar tu misterioso bes/. Gracias te doy por conducirme ileso desde el umbral voraz de la agonía/ Te agradezco el silencio y la armonía con la dicha que inicia su regreso”.

— ¿Quién lo impulsó?

—Sin lugar a duda, mi madre (Hebe Colman de Roemmers). Ella fue mi gran impulsora. Aún recuerdo esa tarde en nuestra casa, en Madrid, estando yo muy aburrido, con una hepatitis que me postró un mes en cama, me dijo: “¿Por qué no juntás todos esos papelitos con poemas que tenés de chico y armás un libro? De ahí en más, tras publicar “Soñadores, soñad”, la poesía tomó otra dimensión para mí. Fui consciente de que lo que yo escribía le podía gustar a otros.
En 1995, Alejandro Roemmers publica “Ancla fugaz” y, en 1996, es invitado a presentar su colección de poemas “España en mí”, en la Biblioteca Nacional de Madrid. En octubre de 1999, la revista “Proa” le otorga una medalla en reconocimiento a su obra. En 2001, en Buenos Aires edita su libro “Más allá”, con mucho éxito en Chile y España y en el 2006, presenta en Madrid una colección de “Poemas elegidos”, convirtiéndose en el primer autor hispanoamericano galardonado con el premio “Cultura Viva” en la modalidad de poesía. El mismo año presenta su poemario “Como la arena”, que merece el premio Internacional Sial, en España, México y Chile. En la actualidad es vicepresidente de la Fundación Argentina para la Poesía y presidente honorario de la Asociación Americana de Poesía.

“En el mundo actual, el género lírico es la más pura de las artes. Estoy convencido de que poeta se nace, y empresario te puedes hacer, siendo una ocupación muy buena desde la que puedes dar trabajo a mucha gente, ayudando de esta forma a tu comunidad”, asegura uno de los hombres más destacados e influyentes de la industria argentina quien, el miércoles 9 de mayo presentó, en la Villa Ocampo (que fuera donada por la escritora Victoria Ocampo a la Unesco), dos libros: “Como la arena” y “Poemas elegidos”. Lo acompañaron sus padres, Alberto y Hebe, y sus hermanos, Alberto (h.) y Pablo Roemmers, junto con sus respectivas mujeres, Melisa y Catherine.

La poesía de Alejandro habla sobre temas como la soledad, el amor y, también, la muerte que en dos oportunidades trágicamente se abatió sobre su familia. El 4 de diciembre de 1998, Christian Roemmers, el menor de los hermanos, falleció tras un accidente compitiendo en parapente en el cerro Arco, Mendoza. Ocho años después, el 16 de abril de 2006, la viuda de Christian, María del Sel, en la ruta 11, a la altura de Mar de Ajó, perdió la vida en un accidente de automovilístico. Seis meses antes, había salvado su vida y la de su hijo, Alexis, al desplomarse su avión en aguas del Río de la Plata, donde debió resistir durante más de una hora abrazada al fuselaje hasta que llegó el rescate.

“Hay días, cuando Dios arroja el dado, parece que de un modo displicente: muerte, dolor, pobreza y accidente se ensañan con el más desamparado/ Son días cuando llueve en lo mojado y gira el mundo en forma deficiente, trepida hasta la fe, casi incoherente, junto al descomunal desaguisado.../ ¡Aguanta!, que en la hosca intemperancia va la mano que acorta su distancia y doblando la esquina está el milagro.”

“Hay días...”, fue uno de los poemas que leyó Alejandro la noche de la presentación del libro. Con respecto a la muerte, dice: “Es sabido que la muerte no respeta edades. Yo he perdido a un hermano y a tres amigos muy jóvenes, y desarrollé cierta comprensión acerca de la muerte: que es parte de la vida. Por eso no me importa morir. Sí, que se pierdan mis poemas antes de poder expresarlos en un libro para compartirlos con el que quiera”.