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La baronesa está feliz



Fue en la presentación del libro de poemas «Como la Arena», de Alejandro Roemmers donde la baronesa Thysen por fin habló de su reciente doble maternidad. El acto se celebró en el Museo Thysen y era normal que Tita acudiera puntual a la cita, puesto que mantiene una estrecha amistad con la familia Roemmers, especialmente con la madre del autor, a los que conoció en Punta del Este (Uruguay) y con quienes se ve frecuentemente. Sensible y admiradora de la obra de Roemmers, la baronesa ejerció como perfecta anfitriona mientras hablaba maravillas sobre el protagonista de la jornada.

Pero como era de esperar a Tita le preguntaron por sus hijas mellizas, y la baronesa habló maravillas sobre las niñas. Dijo que ya tienen tres meses, que pesan seis kilos y que son rubias y guapísimas. También dijo que cuando cumplieron sus primeros dos meses de vida les puso unos pastelitos a cada una, pero más que nada para hacerles una foto de recuerdo puesto que las pequeñas siguen con los biberones que ella se encarga de darles todas las veces que puede. Tita confesó que ahora saca tiempo de donde sea para disfrutar más de ellas, que duerme menos porque estira las horas y que su hijo Borja está también muy contento con sus hermanas. A la baronesa se la vez feliz y rejuvenecida con sus niñas. Ni quiere ni puede disimular cómo le ha cambiado la vida la llegada de las niñas que permanecen en su residencia de San Feliú, donde anuncia que las bautizará seguramente antes de Navidad.

La baronesa es consciente del interés que hay en ver a las pequeñas y por eso asegura que, en cuanto estén un poco más creciditas, seguramente para el día del bautizo, repartirá unas imágenes de las niñas a los medios con el único fin de tener un gesto de cortesía con las publicaciones. Y supongo que con la sana intención de que, a partir de ese momento, se abstengan de fotografiar a las mellizas, amparándose en la Ley del Menor, e imagino que con idea de que tengan una infancia tranquila y feliz, sin estar todo el día en las portadas

Quien tuvo un auténtico baño de aplauso en Madrid, con motivo de la gala Wella de peluquería, fue el cantante Carlos Baute. Como la fiesta iba de pelos (del concurso salió elegida Marta Pastor, que nos representará en el Certamen Internacional de la Peluquería en Milán, el 12 de Noviembre), nadie mejor que Baute para mover su flequillo rubio y levantar algún que otro suspiro. Entre los invitados «de foto» estaba Carla Goyanes, quien sigue sin querer recordar su fugaz noviazgo con Francisco Rivera. Hubo mucho peluquero de tijera suelta y peine cotizado, pero ninguno como Michel Meyer, que cada día me sorprende con una nueva genialidad. Primero fue su cotizado salón de peluquería, luego su selecta tienda de decoración «Living etc», convertido en lugar de peregrinación de los amantes del buen gusto y ahora su tienda de sombreros, «Chapó», donde se encuentran las creaciones que él mismo diseña y que tantas cabezas ilustres ya han lucidom sobre todo en bodas. Y es que Meyer es como el rey Midas: lo que toca se convierte en oro.

Pero puestos a quererse, nada como las parejas que protagonizaron el último acto de Porcelanosa en el almuerzo que ofreció en su sede de Villareal. Por una parte estaban Gonzalo Miró y Eugenia Martínez de Irujo haciendo caso omiso de los rumores y dejando claro que lo suyo va por muy buenos caminos. Y por el otro acudió el actor Kevin Costner con su mujer, Christine, que le tiene totalmente rendido y sin posibilidad de mirar a ninguna otra parte. Había que ver cómo se ponía Christine cada vez que alguna de las asistentes, caso de Claudia Schiffer o Nieves Álvarez, se acercaban a Costner para hacerse una foto. Christine se colocaba en medio y se agarraba a su Kevin. Él encantado. Siempre con Christine (seguro que ni pudo ver lo impresionante que estaba Isabel Sartorius con su traje pantalón blanco) habló de sus películas, reconoció que no da importancia a su físico y confesó que antes de trabajar en el cine se consideraba un hombre normal. «Ni guapo ni feo, cuando llegaba a un sitio sabía que podía ser el tercero más guapo de los que allí había», dijo entre risas. Era lo que le faltaba. Encima de buen actor, de estar como está, de su educación, de su sonrisa y de la fortuna que acompaña a sus éxitos Costner es el anti divo. Ahora entiendo a Christine. Una joya así no se encuentra a diario.