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Un poeta en el mundo de los negocios

A los 50 años, Alejandro Roemmers, integrante del directorio del laboratorio número uno de la industria farmacéutica local, puede afirmar que tiene una doble vida: además de empresario es un poeta de fuste. Y dice que disfruta de todo por igual.

Alejandro Roemmers es un hombre de contrastes: en su oficina todas las paredes son blancas. Todos los muebles son negros. Y los colores (todos furiosos) están confinados a dos grandes cuadros. Desde uno de ellos, dos tigres de Bengala lo miran mientras habla. Cautelosos, parecen convalidar, de antemano, lo que está por decir.

Ese cuadro me define, dispara Roemmers. Los tigres de Bengala son poderosos, pero no agresivos. Se podría decir que son bondadosos...

La charla se había prolongado demasiado. A esa hora ya casi no quedaba personal en el predio que el laboratorio de su familia tiene en Olivos. Era el momento indicado para lucir más contrastes, tal vez el más importante: Alejandro Guillermo Roemmers, integrante de una de las familias más poderosas de la Argentina, combina sus tareas como miembro del directorio de Laboratorios Roemmers con otras, más sosegadas, de poeta.

Le gustan los tigres de Bengala, como a Borges? ¿Es admirador de su poesía?

De Borges valoro la enorme erudición, el manejo del idioma y su trascendencia universal. Pero él vivió para la literatura... A mí no me gustaría vivir su vida. Yo disfruto mucho de otros aspectos, y no sólo de la literatura... Me encantan la naturaleza, el deporte, las ciencias, la música; tengo un interés mucho más amplio que él. Además, yo coincido con su definición de poesía, cuando dice que es emoción, pero creo que él no siempre pudo poner eso en práctica. A veces, su poesía es demasiado intelectual y pierde emotividad. Me maravilla, pero no me conmueve.

Desde el sillón negro, el segundo hijo de Alberto W. H. Roemmers mira el cuadro. Sólo llevar ese apellido que se impuso como marca lo vuelve poderoso.

¿Qué pensaría Borges de su poesía?

Cuando yo tenía 14 años, pasé una tarde con él. Le leí algunos poemas míos. Me dijo que le recordaba algo que comenzó a recitar en inglés, pero me costó mucho seguirlo. Me hablaba de cosas que yo no había leído...

No lo conmovió...

No, no me conmovió. Era difícil seguirlo. Lo que yo rescaté es que sintió que había contenido poético en mis textos...

Este don de Alejandro Roemmers apareció, tímido, cuando, a los ocho años, escribió su primer poema ganado por la nostalgia de unas vacaciones de verano que se terminaban. Tomó forma en la adolescencia y se confirmó cuando, primero, se tuvo que ir a vivir a Europa con su familia y, luego, volver a la Argentina. En las dos oportunidades ahuyentó con versos los fantasmas del desarraigo. Hoy tiene seis libros editados, es vicepresidente de la Fundación Argentina para la Poesía, presidente honorario de la Asociación Americana de Poesía y académico del Real Instituto de Cultura de México.

Así, este hombre que nació con la vida resuelta, se empecinó en complicársela cabalgando entre dos mundos: gracias a su incontenible amor por la poesía se transformó en un bohemio entre los empresarios y en un hombre de negocios entre los poetas.

Se mueve en dos mundos diferentes y hasta antagónicos. ¿Cómo son desde adentro?

El de la empresa es un mundo de competencia, donde uno tiene que tratar de superarse y de superar al otro permanentemente. Los empresarios son gente obsesionada con el aprovechamiento del tiempo. El mundo de lo poético es muy espiritual. Uno debe brindarse sin pedir nada a cambio. Importa el ocio creativo, en el que uno trata de bucear en su interior.

¿Cómo ven los empresarios a un poeta entre sus filas? ¿Hay miradas de soslayo?

En general, soy una rara avis. Pero cuando uno tiene un momento para compartir en profundidad son los más impactados. Para un empresario no es muy habitual estar en contacto con cuestiones emotivas o sentimentales.

¿Cuánto cree que influyen su condición y su apellido en la apreciación que se hace de sus poemas?

Yo creo que poco y nada, porque me ocupé específicamente de eso. Nunca busqué lograr reconocimiento basado en un prestigio logrado en otra cosa... De hecho, en la Argentina, donde son más famosos la empresa y el apellido, es donde soy menos conocido yo. Yo nunca quise competir deslealmente en ese contexto usando medios económicos que tengo a mi alcance. En términos de poesía, yo hago todo como lo haría una persona con escasos medios.

Pero en su caso, ¿el dinero ayudó o terminó siendo una carga para su arte?

Yo creo que ayudó. Lo importante es no ser esclavo de las cosas. Es decir, no necesitarlas. Yo trato de vivir poéticamente siempre. Para mí fue importante tener plata porque la belleza me hace bien al espíritu. Está muy bien disfrutar de lugares lindos o tomarse vacaciones o tener un lugar con silencio, que hoy es un lujo. Por otro lado, yo no acumulo cosas ni las exhibo...

¿Se imagina viviendo sólo como poeta?

Es que yo la poesía la fui incorporando de tal forma que no me obligara a una renuncia total. Lo literario me da cada vez más placer, pero me he quedado con la parte empresarial que más me gusta, que es la de la estrategia. Me gusta continuar y agrandar una obra que viene de familia.

¿Nunca fue una carga?

En algún momento sí. Yo sentía que en mi vida era todo empresa y que no había nada que me diera ese placer espiritual que hoy me da la poesía. Ahora estoy mucho más repartido.

¿Cómo reaccionó su familia ante su vocación literaria?

Bueno, desde chico fui el poeta, el que escribía, así que no fue novedad alguna. Si bien en algún momento mi padre hizo mucha fuerza para que yo estuviera en la empresa, hoy, viendo que he seguido escribiendo y he tenido tanto reconocimiento, fue entendiendo que tengo ese doble camino en la vida. La verdad es que hoy puedo decir que he contado con todo su apoyo y con el reconocimiento de toda mi familia. Tengo una familia maravillosa...

¿Por qué escribe?

Escribo porque tengo que escribir. Necesito escribir. Si te lo justifico racionalmente te digo: escribo porque es una forma de dar gracias, es una forma de rezar... A mí no me gusta repetir oraciones hechas, y la poesía puede ser una forma muy linda de asimilarte con la creación y maravillarte ante el misterio... Y también es una forma especial de acercarme a otras personas. A través del mundo de los negocios trabás determinado tipo de contacto con la gente. Pero con la poesía te vinculás en una dimensión realmente espiritual. Las palabras circulan y tienen su efecto. Y si para algo escribo es para tratar de dar luz y amor. Yo creo que la poesía buena es la que te hace mejor ser humano. Si leer mi libro te mejoró en algo, genial. Si no, no sirvo como poeta...

¿Hace falta sufrir para escribir poesía?

(Piensa) No, lo que pasa es que en el dolor uno está muy metido para adentro y se pone muy sensible... Muchas veces el dolor te ayuda a sacar lo mejor de vos. Es más difícil escribir cuando uno está muy en paz o muy alegre. Para escribir hay que tomar distancia, reflexionar. Uno escribe más cuando está mal...

¿Qué es lo esencial en un poeta?

La coherencia... Yo creo que si uno es falso no se puede ser buen poeta...

Vivir poéticamente

No son dos personas en una. Ni siquiera dos personalidades. Roemmers sabe que lo que cambia no es él, sino el contexto. El ambiente empresarial que lo rodea poco tiene que ver con ese vivir poéticamente que anhela. De todas formas, aprendió a convivir con eso.

El empresario pide a las secretarias que levanten todos los cortinados. El poeta se sienta y clava la mirada en el inmenso parque que se cuela por los ventanales.

Me gusta disfrutar de estos momentos. Me detengo a mirar los árboles, el atardecer; el poeta es poeta siempre y, esté donde esté, tiene una visión poética de la vida. Mucha gente vive pensando que tener más los va a hacer más felices, y no siempre es así. Reconozco que sí es bueno contar con medios, pero lo esencial para mí es no pasar por la vida así nomás. No vivir en piloto automático. Yo vivía en piloto automático. Vivía pensando cuál iba a ser el sentido de mi vida, y bueno, sentido viene de sentir... Y no importa tanto a qué vas a dedicar tu vida, sino de qué manera. Yo creo que la mayor parte de los seres humanos tienen la capacidad de ser felices, pero que hay una maquinaria que necesita seres consumistas, y que trata de convencerte de que tenés que poseer una serie de cosas para estar bien; no hay que dejarse engañar por eso. Yo me doy cuenta de que me pasa al revés... ¡Siento un rechazo tremendo por comprarme cosas! Me molesta muchísimo. Prefiero estar leyendo o caminando por una plaza...

Es un empresario que está totalmente en contra del consumismo...

(Repite) Sí, sí, sí... Lo peor es ir a comprar ropa. Eso de estar a la moda realmente es una carga. A mí la felicidad me viene de otro lado. Veo que la gente se desespera por comprar equipos de sonido, computadoras y esas cosas electrónicas, y yo ni lo pienso. Tengo lo mínimo. De hecho, escribo a mano...
En el cuadro, la fiereza de los tigres de Bengala se ensombrece de repente. El sol deja de agonizar, y la sala queda sumergida en penumbras....